La marca de nacimiento

Nathaniel Hawthorne no solo es el precursor de escritores de la talla de Herman Melville y Franz Kafka y, en consecuencia, de los cánones del cuento clásico, sino que además procuró hacer del arte una función de la conciencia. Su mundo era romántico y alegórico y distinguió muy tempranamente que lo que se dice a medias, o se sugiere, es más impactante que lo que se escribe con claridad. A raíz de la lectura de sus diarios, Borges advirtió que el punto de partida del escritor norteamericano eran los escenarios y no los actores: “Primero imaginaba, acaso involuntariamente, una situación, y buscaba después caracteres que la encarnaran”, y ese método, inaugurado por Hawthorne, ubica a la trama en un plano protagónico, pero, por sobre todo, posibilita cuentos magníficos. Es el caso de “La marca de nacimiento”, “El joven Goodman Brown” y “Wakefield”, las tres obras maestras que componen esta nueva entrega.

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Acerca del autor

Nathaniel Hawthorne

NATHANIEL HAWTHORNE (1804-1864) es una de las figuras centrales de la literatura norteamericana y uno de los primeros que recibió Europa por su calidad literaria. De una técnica refinada y de alto lirismo, en sus trabajos retrató con acritud los principios religiosos de Nueva Inglaterra. Creció en Salem, Massachussets, en una familia puritana, donde vivió una infancia difícil: su padre murió de fiebre amarilla en Surinam cuando el escritor tenía cuatro años. A partir de entonces, la familia se recluyó al interior de la casa, pese a eso, desde muy temprano Hawthorne se enfrentó a los principios éticos de sus antepasados. “Nathaniel se pasaba los días escribiendo cuentos fantásticos; a la hora del crepúsculo, salía a caminar. Ese furtivo régimen de vida duró doce años”, escribió Borges, en tanto, la mayoría de esos relatos fantásticos formarían parte de Cuentos contados dos veces (1837), aunque su ópera prima fue Fanshawe (1828), novela que se encargó de incautar y quemar. Sin embargo, allí se encuentran los tópicos que el escritor iba a desarrollar durante toda su carrera y que lo llevarían a la cumbre con La letra escarlata (1850): la culpa y la aniquilación del alma, el pecado de los padres pagado por hijos inocentes, la marginación, la crítica a las costumbres y dogmas puritanos: elementos biográficos que influyeron decisivamente en su escritura. En 1852 escribió la biografía de Franklin Pierce, antiguo compañero en Bowdoin, donde además entabló amistad con el poeta Longfellow, lo que le valió ser nombrado cónsul en Liverpool cuando Pierce fue electo presidente. En 1857 renunció a su cargo y viajó por Francia e Italia. Regresó en 1860 y murió cuatro años más tarde en Plymouth, New Hampshire.

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